domingo, 13 de abril de 2014

BUENAS NOCHES

Todos recordamos nuestros amores. Independientemente del resultado nos enriquecieron tanto que son inolvidables y da gusto recrearlos. Pero hay otros amores que ni siquiera llegaron a nacer. Se malograron, murieron o los matamos cuando apenas eran semillas o pequeños brotes de ilusión y cariño, y jamás sabremos lo que hubieran podido llegar a ser. De estos, que ni siquiera merecen el calificativo de fracasos, hablamos y escribimos poco. No obstante, aún me acuerdo de alguno de los míos, y sin cuestionarme nada a estas alturas ni hacerme preguntas necias a las que no sabría responder, repaso lo vivido y sentido entonces. Una leve sonrisa y un poco de ternura en los ojos son el resultado de estas breves inmersiones en lo que pudo ser y no fue. Somos la consecuencia de lo que hicimos y de lo que dejamos de hacer.

En un viejo poemario encontré esta tarde una amapola aplastada y seca, y una amarillenta hoja de papel. “Eres la que esperaba, la que siempre soñé.” Creo saber a quién le dediqué esas letras hace más de cuarenta años, aunque después no fue ella, -que no leyó ese verso ni supo ni sabrá nunca que lo escribí-, la que me enseñó que el amor por más que lo esperes te sorprende cuando menos lo esperas, y no en sueños sino en la realidad. 

sábado, 12 de abril de 2014

BUENAS NOCHES


De siempre me encantaron los jardines. Crecí entre flores –mi madre la más bella-, y su fragancia fresca y dulce me acompaña y me inspira siempre. Los he conocido grandes y suntuosos, esculpidos a cortes de tijera. Pero prefiero aquellos que reflejan la naturaleza tal cual es, exuberante y caprichosa a la vez. He amado, soñado, leído y escrito en ellos. Dibujé, pinté y fotografié su bucólico encanto. De algunos podría reconocer las cristalinas voces de sus fuentes, porque el agua, al igual que nosotros, se expresa diferente en cada una de ellas. Los suelo rebautizar a mi antojo, así el de Murillo en Sevilla es para mí el jardín de los adioses, el del Retiro en Madrid, el de la amistad, el de Santa Margarita en la Coruña, el de la poesía y los sueños, el Jardín Canario en Las Palmas de Gran Canaria es el de lo prohibido, el Jardín del Beso en Xátiva es el de la ilusión, y hay muchísimos más. Cada uno de ellos, como cualquier otro paisaje en mi vida, va íntimamente asociado a la imagen y al nombre de una mujer, y a amores tan bellos y sublimes que para no morir se refugiaron en el ayer, y en él permanecen a salvo de los embates del presente. Como también la verdadera amistad es amor, aunque sin sexo, en todos esos jardines amé a la que iba a mi lado. No presumo de bueno, ni de sabio, ni soy un buen poeta, pero si de algo puedo enorgullecerme es de haber amado. Y si me fuera permitido llevarme algo al más allá en el que creo y descreo a cada instante, sin dudarlo me llevaría los recuerdos de las mujeres que amé. Algunas me correspondieron, otras no. Pero por lo mucho que me aportaron, el más bello de los jardines del mundo lo llevo en mi memoria.

viernes, 11 de abril de 2014

BUENAS NOCHES



Fue hace cincuenta y ocho años, era de noche y llovía a cántaros. Un taxi cruzó la ciudad desierta a esas horas. En el asiento trasero una mujer a punto de parir apretaba los dientes para no quejarse. No puedo evitar emocionarme al contarlo: entró en el hospital por su propio pie sin ayuda de nadie, y como le habían diagnosticado un parto difícil, con voz firme pidió a los que la atendían: “Piensen en mi hijo antes que en mí”. Media hora después abandoné el cuerpo de aquella mujer sencilla y admirable como pocas, y me hicieron llorar por primera vez. Todo esto me lo contó mi padre, a mi madre no le gustaba hablar de ello. “Vaya cosa –nos decía- cualquier mujer habría hecho lo mismo.” Alguna vez me han dicho, no sé si como halago o reproche: “Cuando tú naciste rompieron el molde”. Yo sé que es incierto, el molde, único e irrepetible, se rompió el día que ella murió.

jueves, 10 de abril de 2014

BUENAS NOCHES

Muchos están obsesionados por la eterna juventud. Les horroriza envejecer, detestan sus arrugas, y tratan de imitar a los jóvenes vistiendo y comportándose como ellos. En ciertos casos rayan en lo patético y lo ridículo, sin caer en la cuenta que lo importante no es la apariencia externa sino lo que atesoramos dentro, y que las huellas de la edad lejos de avergonzarnos tendrían que enorgullecernos pues son consecuencias de lo que hemos vivido.    

Según parece, existe la inmortalidad. Una medusa, la Turritopsis Nutricula, siempre que se mantenga en las condiciones adecuadas, goza de ese privilegio y cuando envejece vuelve a rejuvenecer hasta llegar a su estado más joven. Me cuentan que están estudiando el por qué sus células son capaces de volver a su estado inicial. El día que encuentren la respuesta, a través de manipulaciones genéticas tal vez consigan que las nuestras actúen igual. Ese día habremos desterrado a la muerte o, al menos, podríamos prolongar nuestras vidas unos centenares de años más. Es posible, pero lo que no sé es si, llegado el caso, deberíamos celebrarlo o echarnos a temblar.

miércoles, 9 de abril de 2014

BUENAS NOCHES


Todos, desde el más sabio al más ignorante, desde el más famoso al más anónimo de los seres humanos, tenemos una misión que cumplir y, mejor o peor, la cumplimos. Cuando las circunstancias o la propia pereza nos desvían del camino y nos paralizan, siempre sucede algo o aparece alguien que nos impulsa hacia delante y nos recuerda el rumbo a seguir. Esto no es determinismo, ni supone una merma de libertad, sino al contrario, ya que somos libres de elegir el qué, el cómo, el cuándo y el dónde, pero lo que no podemos es no hacer nada. Cuántas veces al preguntarle a alguien ¿qué haces?, me responde que no hace nada. Y no es cierto, porque se refiere a la inactividad voluntaria o forzosa en la vida laboral o el ocio, y el mero hecho de estar donde está y responderme implica hacer algo. La mayoría de nosotros no podemos hacer en todo momento lo que nos apetece, y tal vez sea mejor así. Una sociedad en la que cada uno de los que la componen pudiera actuar según sus apetencias y caprichos, sería un verdadero infierno. El que se propone un determinado objetivo y posee méritos y voluntad suficientes para lograrlo, sean cuales sean los obstáculos, lo conseguirá. Quienes duden que es así, que ni se tomen la molestia de intentarlo, porque fracasarán. Es básico creer en uno mismo, pero sin engañarse ni dejarse engañar. Por ejemplo: yo jamás seré Jorge Luís Borges, y sería un imbécil si aspirase a serlo, pero si me esfuerzo en mejorar llegaré a ser un juntaletras aceptable, y en eso estoy. Una cerilla nunca será el sol, pero en la medida de sus posibilidades es útil y capaz de alumbrar.

domingo, 6 de abril de 2014

BUENAS NOCHES


Hoy he estado todo el día removiendo viejos papeles. Leer lo que escribí hace años, y ya tenía olvidado, me convierte en un espectador de mi propia vida. Reconozco la obra y al personaje, recuerdo cómo era entonces, pero no me identifico demasiado con él o, mejor dicho, con ellos, porque son varios. El tiempo y las circunstancias nos remodelan a su antojo sin que nos demos cuenta. Nosotros, y quienes nos ven a diario, somos incapaces de percibir los cambios que se reflejan mejor en las letras que en los espejos. Cuántas diferencias y contradicciones entre el Tomás de ayer y el de hoy. Ignoro si para bien o para mal, sólo sé que soy o me siento otro. Muchos de esos papeles merecerían acabar de una vez en la papelera, pero como una especie de memoria auxiliar que explica muchas cosas, seguirán ahí dormidos hasta que yo no esté y alguien decida hacer limpieza.

martes, 1 de abril de 2014

BUENAS NOCHES

No somos imparciales ni objetivos con nosotros mismos ni con los demás. Lo máximo que podemos hacer es aproximarnos a la verdad sin llegar a poseerla nunca. Nuestro cerebro es prodigioso pero incapaz de saberlo y analizarlo todo y, por si fuera poco, el corazón recrea y distorsiona la realidad. En el fondo somos ícaros a los que se nos permite volar siempre que no nos acerquemos al sol. Si cometemos la osadía y la torpeza de hacerlo, nuestras endebles alas se funden y acabamos estrellados contra el suelo. La vida es como esos amores que complicamos innecesariamente. El hijo de Dédalos la perdió en el intento, nosotros perdemos la esperanza. De modo que me apetece volar bajito como mis queridos gorriones que no envidian al ganso asiático, capaz de sobrevolar el Everest, y son felices a ras de suelo. Medir y administrar bien las propias fuerzas es de sabios. Yo jamás supe hacerlo