miércoles, 23 de abril de 2014

BUENAS NOCHES

Anoche en la calle oí cantar a un grillo. Me pregunto si sería Titono. ¿Qué quién era Titono? Pues era hijo del rey troyano Laomedonte, y primo de Héctor y París. Un joven tan atractivo que la diosa Eos –Aurora para los latinos- se enamoró perdidamente de él, y le pidió a Zeus que lo hiciera inmortal. Se lo concedió, pero, o bien porque la diosa anduvo despistada y no pidió también la eterna juventud, o porque el padre de los dioses sintió celos del muchacho, Titono fue envejeciendo hasta que, encogido y arrugado, se convirtió en grillo. Se dice que cuando Aurora despierta y riega la tierra con el rocío de sus lágrimas, Titono sacia su sed con ellas. Y si alguien, como yo anoche, le pregunta qué desea, siempre responde: Mori, mori, mori… que en latín significa estar muerto.

Ya ven que hasta algo tan simple y natural como el canto del grillo, los antiguos helenos lo mitificaban y convertían en leyenda. Por eso, al igual que Borges, reconozco que mis contemporáneos son los griegos. Y este viejo búho, que no cambia a Atenea por ninguna otra diosa, espera que sea ella la que lo despida con una sonrisa, a orillas del Leteo.

martes, 22 de abril de 2014

BUENAS NOCHES


El ser humano está condicionado por tres cosas fundamentales, basadas en la creencia de que el tiempo es lineal y hemos de recorrerlo obligatoriamente hacia adelante. El pasado quedó atrás, el presente lo estamos viviendo, y el futuro está por llegar. Si olvido el pasado, no sabré quien soy. Si sólo me preocupo del presente sin pensar en el porvenir, arruinaré mi futuro. Si me obsesiono con el futuro estaré malgastando lo único real y tangible que poseo, y renunciando a la posibilidad de disfrutarlo. Parece complicado pero no lo es. Se trata de recordar lo que nos costó ser lo que somos y tener lo que tenemos, sacarle el mejor partido posible, y dejar algo para mañana, por si acaso. Los cantos de sirenas de quienes afirman que el pasado no existe y el futuro tampoco, nos pueden llevar a quemar las naves innecesariamente, y a echar toda la carne en el asador. Mejor no hacerlo porque es preferible navegar que salir nadando, y en vez de hartarnos reservar lo necesario para, en caso de apuro, evitar el hambre. No me refiero solo a lo material, ya que el exceso de romanticismo también puede llevarnos a situaciones extremas y dolorosas que, con un mínimo de sensatez, podríamos evitar. Como lo conozco, sé que el amor raya en lo irracional, y que tratar de imponerle condiciones y reglas es tarea imposible, porque al viento no se le ata, ni el mar cabe en una botella. No obstante, si podemos y debemos establecer ciertos límites. Todos los tenemos en mente, y a mí se me ocurren dos: respeto y confianza. Se podrán cuestionar y discutir otros, pero no estos. Sin ellos, la relación se tambalea y, antes o después, cae.

domingo, 20 de abril de 2014

BUENAS NOCHES


El soneto ¡MOLTO PIU AVANTI ANCORA! de Almafuerte que compartí esta tarde, es el poema más duro y realista que he leído en mi vida. Cuando lo leí por primera vez me provocó un tremendo rechazo. Un juntaletras joven y perdidamente enamorado no podía aceptar algo así. Hoy sé que es cierto cuanto en él se dice, y de haberlo entendido entonces, ni les cuento la de errores y fracasos que me habría evitado. Pero ni modo, si ni siquiera nuestra propia experiencia nos salva en ciertos casos, cómo nos va a salvar la ajena. Alguien dijo una vez que los poetas no van al cielo, y estoy por darle la razón. Los juntaletras somos menos brillantes y clarividentes, pero compartimos con ellos la misma visión de la realidad, y ese trasfondo de amargura, consecuencia de mil y un desengaños, que acaba marchitándonos la fe. Para Ibsen, quitarle al pobre la mentira es quitarle la felicidad. Es cierto, y a los que la odiamos nos está vedada. Nadie es feliz sin una alta dosis de fantasía, y algunos –hartos de sus efectos secundarios- hemos renunciado a ella. En mi caso, prefiero no engañarme ni que me engañen con placebos y sucedáneos. Me quedo con el gris de mi vida cotidiana, y no echo de menos el brillo de oropeles y lentejuelas. Sé bien que no es lo mismo querer que amar, convencer que encandilar, andar que volar, pero mejor el encanto de lo cierto, que me vale para estar tranquilo y hasta contento. No pido ni necesito más.

sábado, 19 de abril de 2014

BUENAS NOCHES


En cierta ocasión pregunté a alguien si lo que escribía iba dirigido a mí. La respuesta fue un “no” tan doloroso como un latigazo. Hizo bien, y nada que objetar al castigo, por duro que sea, si uno lo tiene merecido. Hay casos en los que es malo y hasta suicida interpretar alegremente lo que otro dice o escribe. También es cierto que es irresponsable y arriesgada la ambigüedad. Pero no todo el mundo puede, sabe o quiere decir las cosas a la cara, y ante la duda, y por si acaso, –“gato escaldado, del agua fría huye”-, el que junta estas letras ya no pregunta nada si se siente aludido, y ante el menor atisbo de duda prefiere ser prudente y callar. De los golpes se aprende, o se debería aprender. Como lo que no quiero para mí no lo quiero para nadie, cuando no especifico y cito nombres, mis palabras no van dirigidas a alguien en concreto sino a todos los que quieran leerme, y no contienen mensajes subliminales. Escribo sobre aquello que me tocó vivir, disfrutar o padecer, pero créanme que lo que tuve que decirle a alguien ya se lo dije en su momento, y si tuviera que repetirlo se lo diría directamente, en privado o en público, sin andarme por las ramas, porque hay asuntos con los que es mejor no jugar.

miércoles, 16 de abril de 2014

BUENAS NOCHES

Todo está en silencio, y el silencio no es la falta de sonidos sino de ruidos, y aunque parezca lo mismo, no lo es. La música de los grandes compositores, la lluvia, el viento, el mar, el canto de los pájaros, la voz o la risa de la persona amada, navegan el silencio sin alterarlo ni romperlo. Tampoco las definiciones de frío o calor son exactas. Yo me he sentido helado en pleno verano, y sofocado en invierno. Depende de cómo te sientas, de con quién estés y de lo que estés haciendo.

En los últimos días estoy, como mi amiga la luna el pasado martes, en pleno eclipse. Los míos suelen durar más, y se reflejan en lo que escribo, pero tampoco tienen consecuencias. Cuando entre la realidad y yo se interpone el pasado, mi vida se ensombrece. Imagino que, con mayor o menor frecuencia, nos sucede a todos, y no hay razón alguna para sentirse triste o apesadumbrado. Selene no cambia por vestirse de negro o de rojo durante unos minutos, y este juntaletras continuará siendo el mismo después de ver pasar ante sus ojos a la que ayer fue un sol, y hoy, apagada, sólo es el recuerdo de un recuerdo.

martes, 15 de abril de 2014

BUENAS NOCHES


La luna roja no pasa de ser un mero eclipse, un espectáculo tan natural como el amanecer o el ocaso. Nuestra atávica tendencia al esoterismo y la mitificación nos hace ver en ella misterios y presagios. Inconscientemente el color rojo lo relacionamos con la violencia, la pasión, el fuego y la sangre. También es normal que el azar nos depare sorpresas, y ponga ante nuestros ojos imágenes que, en la memoria –sólo en ella-, reavivan vivencias del pasado. Lo malo, por más que a veces resulta inevitable, es sobredimensionar y confundir lo real con lo irreal, lo vivo con lo muerto. El amor y el fuego, una vez apagados y fríos no vuelven a arder si no los prendemos, y para hacerlo, no valen las cerillas usadas. Y como tampoco los recuerdos ni las cenizas son combustibles, si queremos que ardan, tendremos que aportar sentimientos y leña. Del pasado se aprende, pero es inhabitable. Todo lo que afecta e importa está en el presente. Aquí y ahora es posible hacer y deshacer, continuar, acabar, o comenzar de nuevo. Para mí recordar no supone añorar el ayer. Si quiero recuperar a alguien o algo que he perdido, si es posible, estaré dispuesto a luchar hasta las últimas consecuencias. Si es imposible lucharé igual, pero lograrlo me llevará más tiempo. 

lunes, 14 de abril de 2014

BUENAS NOCHES


Te veo muy sonriente en una foto tras veintidós interminables años. Aún tu mirada triste me recuerda a aquella que amé tanto. A la que eres ahora no la culpo: sé bien que no eres ya la que juró amarme para siempre, como tampoco yo soy el que antaño, por creer en sus promesas, acabó convertido en un patético personaje de tango. Del “siempre”, que apenas si duró dos primaveras, guardo un recuerdo amargo. Mirando tu retrato me doy cuenta de que el tiempo y el mar, cuando menos lo esperas, te devuelven los restos del naufragio. ¿Y para qué mentir?, si yo pudiera regresar al pasado sabiendo lo que sé, no dudaría en volver a embarcarme, con la que fuiste entonces, en una travesía de antemano condena al fracaso.