Hay a quienes lo de juntaletras no acaba de gustarles y lo
consideran falsa modestia. Otros creen que es síntoma de baja autoestima, y que
debería valorarme más. Pues bien, yo que he tenido la inmensa suerte de haber
recibido clases de los mejores maestros, no en las aulas sino en los libros, sé
cual es mi lugar. Empecé a trabajar a los catorce años, y no llegué a
licenciarme en nada. Si acaso, por ser generoso conmigo mismo y aceptar eso que
damos en llamar “don”, soy un diamante en bruto que, tal vez ,de haber sido
conveniente tallado habría podido brillar. No fue así, y ya de nada vale
lamentarse. La gran ventaja del autodidacta es el haberse forjado a si mismo.
El gran inconveniente son las inevitables lagunas fruto de su formación
anárquica. A los jóvenes les digo que se esfuercen y acaben sus estudios. El
mío es un pésimo ejemplo que no deben imitar. Por suerte para ustedes, hoy las
circunstancias son otras. Háganme caso y aprovéchenlas. Aunque luego
transgredan las normas, es básico aprenderlas antes. Cuando les digan o piensen
que el mundo es suyo, no se lo crean, porque no es un regalo, y lo tendrán que
merecer y conquistar.
viernes, 2 de mayo de 2014
jueves, 1 de mayo de 2014
BUENAS NOCHES
¿Hay alguien ahí? Seguro que si, porque a cualquier hora del
día o de la noche, aquí siempre hay gente predispuesta a leer y a escribir, o
lo que viene a ser lo mismo, a escuchar y a dialogar. Cada día me maravilla más
que esto suceda, y entiendo menos a los que les parece una pérdida de tiempo.
Cuando alguno me pregunta, ¿qué ganas con eso?, ya me queda claro por qué lo
piensa. Para algunos lo importante es el beneficio material, -que no es solo
dinero-, y por mucho que les hablase de otro tipo de beneficios, no lograría
convencerlos de que hay cosas con las que no se debe comerciar.
He pasado la tarde en casa leyendo y cocinando. Me pueden
llamar marujo si quieren, pero acabo de hacer un caldo que me quedó genial. Y
si no hice también un bizcocho fue porque luego del pecado llega la penitencia,
y mejor no pecar. En fin, que he aprovechado mi tiempo libre. Y además de leer
y juntar letras, me gusta cocinar. Les aburro con esto para que vean que, de
vez en cuando, uno baja de las nubes y se ocupa de las tareas domésticas. Quizá
menos de lo que debiera, pero no por prejuicios sino por pereza. Es bueno y
conveniente desmitificar. Entre un poema y un guisado, no hay tanta diferencia.
Se trata de combinaciones y proporciones, que cuando son las adecuadas, brindan
alimento y placer al espíritu o al cuerpo. Ahora, con su permiso, me dispongo a
cenar.
miércoles, 30 de abril de 2014
BUENAS NOCHES
Claro, a uno le gustaría escribir versos capaces de abrir el
corazón de alguna. Pero los versos no son llaves, ni siquiera ganzúas, y hay
cerraduras heméticas que la poesía no abre. Si ni siquiera un dios logra el
prodigio, si Eros también fracasa en el intento, que lo logre un mortal con un
puñado de palabras es pedir demasiado. Pero a pesar de todo, y aun sabiendo que
es improbable, merece la pena intentarlo. La vida humana –para qué engañarnos-
es un sin fin de intentos fallidos, y unos cuantos aciertos que, en cierto
modo, la justifican. Así es, y así debemos aceptarla. Disfrutemos del viaje
aunque no nos lleve a ninguna parte, y el timón nos desobedezca, y la brújula,
enloquecida, no sea fiable ni señale el norte. Lo sensato y lo fácil sería amar
a quien nos ama, preferir lo posible a lo imposible, lo seguro a lo incierto,
lo llano a lo escarpado. Acabamos haciendo todo lo contrario. Y a sabiendas de
que es un error, de que no va a servirnos de nada, nos atrae más lo peligroso,
lo prohibido. Somos libres, y la libertad es eso, capacidad de elección. Pues
bien, como decía mi abuela: “El que elige el mal por su gusto, al infierno a
quejarse.” Yo el primero, no faltaba más.
martes, 29 de abril de 2014
BUENAS NOCHES
Me van a perdonar –ustedes me tienen muy mal acostumbrado, y siempre me
perdonan- que les hable de mí. Ya sé que no paro de hacerlo, pero, salvo para
elogiarlos, prefiero no hablar de los demás. No por diplomacia, sino porque
creo que es mejor no usurpar la voz de nadie, y cada uno conoce y debe narrar
su propia historia. Nada más lejos de mí que ser historiador, y menos aún,
juez. Soy demasiado ingenuo y respetuoso para contar o juzgar lo ajeno. Por
suerte o por desgracia, aprecio tanto a mis amores, a mi familia, a mis amigos,
a mis acreedores y deudores, que jamás me atrevería a hurgar en ellos. Conmigo
hago y deshago a mi antojo. De mi vida cuento aquello que me apetece, porque es
mía, porque me estoy yendo, y ya no aspiro a conquistar a nadie ni a recompensa
alguna. Como la mayoría, he vendido humo, he sido vanidoso, he mentido. Ahora
no vendo nada, asumo mis defectos, y no necesito mentir. En fin, he sido y soy
humano.
lunes, 28 de abril de 2014
BUENAS NOCHES
El que no haya hecho alguna vez en su vida el idiota, que
levante la mano. Por supuesto que no es lo mismo hacerlo que serlo. En mi caso,
y por la cuenta que me trae, prefiero no analizarlo. Hay momentos en los que el
corazón nos traiciona, –mejor que nos traicione él a nosotros, que nosotros a él-,
y acabamos buscando como locos la piedra con la que ya tropezamos, por tropezar
con la misma de nuevo. Es cierto que si aprietas una piedra en tu mano,
acabarás sintiéndola latir. Pero no te engañes, el que sientes y padeces eres
tú, no ella. Y aunque me disgusta tener que reconocerlo, las piedras y los
imposibles existen y son como son. Ellas no sienten ni padecen, y hay cosas que
por más que deseemos que sean, no serán nunca. Creer lo contrario es hacer el
idiota o serlo, y me temo que yo, a menudo, lo hago o lo soy. Aunque, bien
mirado, peor sería ser inteligente y cuerdo todo el tiempo, o aparentarlo. Hay
idiotas que afirman que tropezar puede llegar a ser divertido, y que cayendo se
aprende a caer. Yo, la verdad, aún no he llegado a tanto. Mientras escribía
esto, recordé la frase de Tristan Tzara: “Mírenme bien! Soy idiota, soy un
farsante, soy un bromista… ¡Soy como todos ustedes!” Y sin mirarme al espejo ni
detenerme a pensar mucho, le doy la razón.
sábado, 26 de abril de 2014
BUENAS NOCHES
Estamos todo el tiempo dando y recibiendo opiniones,
explicando lo que no sabemos o dejando que nos lo expliquen otros que tampoco
lo saben, abriendo y cerrando puertas que ni siquiera existen. ¿Para qué todo
eso? ¿Cómo es que a mí, que no sé nada de nada, muchos me llaman maestro,
cuando ni tan siquiera soy un aprendiz, ya que, para serlo, primero tendría que
saber lo que quiero o necesito aprender? La ignorancia es muy atrevida, y los
humanos somos excesivamente atrevidos. Esta tarde escribí o arme un poema de
golpe, que es como suelo hacerlo. Después, al leerlo, me quedé pensando, y todo
para acabar preguntándome lo mismo de siempre: ¿Por qué he escrito esto?
¿Alguien lo va a entender? Bueno, menos mal que al publicarlo me libré de él, y
de la tentación de corregirlo, que, en mi caso, suele acabar en una cruenta
carnicería. Lo que en principio, con sus aciertos e imperfecciones, estaba
vivo, lo acabo mutilando o matando. Pues nada, lo hecho, hecho está, y a otra
cosa. No sé por qué me viene a la memoria este epigrama de Horacio: “Comiste
bastante, jugaste bastante y también bebiste; Tiempo de que te vayas.” Además
de gran poeta, el romano era un hombre lúcido y sensato. Yo no lo soy; por eso
me quedo, y nada me parece bastante.
viernes, 25 de abril de 2014
BUENAS NOCHES
Es cierto -Porchia tenía razón-, cuando hablo o junto letras
es porque me ha vencido lo que digo. De lo contrario, me quedaría en silencio.
No merecemos las palabras, nos las dan porque nos las dan, y como no son
nuestras, mejor regalarlas. Ya sé que hay quienes comercian con ellas, las
venden y las compran como mercaderías. Bueno, es un modo como otro cualquiera
de ganarse el sustento. No me parece mal. Pero yo las regalo, precisamente
porque no son mías, sino de los que me las dieron, de aquellos que he leído y
escuchado a lo largo de mi vida, y de los que, sin haber escrito nada,
hablándola también enriquecieron la lengua. Ni siquiera debo enorgullecerme del
supuesto don de saber usarlas, ya que es un privilegio que me fue concedido sin
haber hecho nada para merecerlo.
Me río al recordar la de veces que me pidieron que
escribiera misivas de amor o poemas destinados a enamorar a alguien. Sudé tinta
al hacerlo, porque no soy Cyrano. Jamás he intentado conquistar a nadie, y
tampoco sabría cómo hacerlo. En estos casos, las palabras pasan a ser placebos
en los que algunos depositan toda su fe. Pero por si solas no enamoran, y mejor
un simple “te amo” propio, que mil versos ajenos. Uno acepta el encargo –qué
remedio-, y lo cumple como mejor sabe y puede. Lo que suceda después será
mérito o demerito del que se lo encargó. En el amor es uno mismo el que ha de
servir de cebo. Lo demás es “pan para hoy y hambre para mañana”, humo, brindis
al sol.
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