martes, 9 de diciembre de 2014

BUENAS NOCHES


En estas fechas estamos obligados a ser buenos, generosos, amables, cordiales, simpáticos y cariñosos. Aquí, que es lo que ahora nos importa, la mayoría nos mostramos así todo el año. El bosque no es un eufemismo sino una realidad creada por un numeroso grupo de amigos, en la que a diario hemos ido sembrando lo mejor de nosotros mismos. Aunque sea pecar de inmodestia, los resultados están a la vista. De vez en cuando se nos cuela alguien incapaz de aceptar la única regla de esta comunidad, el respeto mutuo. Afortunadamente, no tarda en darse cuenta de que este no es su sitio y, tras algún que otro coletazo desagradable, se va. En ningún momento se nos ha ocurrido, a mí ni a nadie, cerrar las puertas y convertir esto en coto privado. Y a quienes nos dejaron y después quisieron regresar los acogimos con los brazos abiertos. Llevamos casi un lustro sin lideres ni protagonistas, y el torpe moderador que junta estas letras, rara vez ha tenido que ejercer su función que tan poco le gusta. Dentro de unos días algunos nos iremos de vacaciones, y como cada año todo seguirá funcionando igual. Es lógico que siendo tan buenos amigos nos echemos de menos, pero ninguna ausencia, voluntaria o forzosa, nos debe frenar. Por desgracia tres de los nuestros, Matilde, Lucy y Fernando, emprendieron un largo vuelo y no regresaran. El resto somos una piña de granos bien diferentes pero siempre unida. Ojalá el mundo en el que nos ha tocado vivir fuera igual de tolerante y solidario. A quienes creen que soy pesimista, quizá les sorprenda saber que estoy convencido de que un día lo será.

domingo, 7 de diciembre de 2014

BUENAS NOCHES


Tengo amigos entrañables que son dados al optimismo fácil. Suele ser gente buena y sencilla para la que querer es poder, y no hay más. ¡Olé al Carpe diem, al relativismo y al buenismo a ultranza! Ya Voltaire los describió en su novela Cándido, y miren que ha llovido desde entonces, pero no han dejado de perseverar en su afán de verlo todo de color de rosa. Quien no es feliz es porque no sabe serlo; al que se está muriendo le bastaría con desear vivir para curarse; el que perdió el amor de su vida no debería estar triste sino buscarse otro; el que pasa hambre es porque no se ha percatado aún de dónde está la comida, y… ¡para qué seguir! Lo curioso y enternecedor es que la mayoría de ellos no predican con el ejemplo, ya que tampoco son felices ni nadan en la abundancia. Sufren y padecen como el que más, pero se consuelan pensando que todo tiene solución. Su fe no mueve montañas, pero transforma la realidad en un espejismo idílico en el cual todo es posible, y lo malo y lo feo lo inventamos los que no podemos ver el mundo como ellos lo ven y somos incapaces de aplicar sus recetas para que todo vaya de fabula. Su ingenuidad no es un defecto; tampoco una virtud. Si acaso una variedad de miopía. ¿Para qué debatir con quienes, diga lo que diga, sé de antemano lo que me van a contestar? Nada más lejos de mi ánimo que estallarles su burbuja de colorines, pero me niego a comulgar con ruedas de molino y negar lo evidente. Sería inútil decirles que no todo depende de uno mismo, y que, por más que cueste aceptarlo, lo inevitable existe. Y por mucho que sepamos encajar o disimular, las derrotas nos dolerán igual. ¿Pesimismo? No, queridos, solo un mínimo de sentido común.


sábado, 6 de diciembre de 2014

BUENAS NOCHES

Ya tenía escrito el Buenas Noches, pero no deseo publicarlo hoy. Por esta vez será el hombre quien elija y no la puerta. Por cierto, sin ánimo de contradecir a Borges, las puertas son obra nuestra y las abrimos y cerramos nosotros.

Verán, es que hay noches en las que a uno no le apetece polemizar sobre nada con nadie, sino mirar la luna, aspirar la fragancia de los jazmines, y prefiere –aunque suene a blasfemia- un humilde grillo a Sarah Chang. Ahora no llueve, pero la brisa es fresca y algunas hojas se han echado a volar. Quienes no somos optimistas ni pesimistas crónicos, los buenos momentos los disfrutamos sin cuestionarnos si se repetirán o si los vivimos por última vez. Sea como fuere merece la pena recrearse en ellos, abrir las ventanas del corazón y sentir más que pensar. Si les parece bien, mañana seguiremos cuestionándonos cosas y juntando letras. Ahora toca soñar.

viernes, 5 de diciembre de 2014

BUENAS NOCHES


No me cansa lo que algunos llaman “inactividad”, y sí determinadas actividades forzosas que me imponen o me impongo a diario. Prefiero un cierto grado de improvisación y anarquía a las mentes cuadriculadas, lo políticamente correcto y el orden estricto, preestablecido de antemano por quienes deberían velar por las libertades en vez de limitarlas. Vive y deja vivir. En lugar de exigirlo, gánate el respeto de los demás respetando también a aquellos con los que estás en desacuerdo. Opina, no desde el púlpito o el estrado sino a ras de suelo, con la convicción de que tus verdades no son absolutas y sin tratar de imponerle tus creencias a nadie. Parece sencillo y lo es, pero lo complicamos con dosis excesivas de soberbia, orgullo y vanidad. De qué sirve repetir a diario, “nadie es perfecto”, -más como auto-excusa que por humildad-, si en el fondo creemos ser menos imperfectos que el resto. O hablar tanto del amor romántico y abstracto, cuando podríamos entender y practicar el verdadero amor, amando a cuantos nos rodean. Este juntaletras no se cansará nunca de la “inactividad” que le permite pensar y meditar sobre cosas de tan poca importancia, porque después, además de reflejarlas en la pantalla o el papel, se las graba en la conciencia.

jueves, 4 de diciembre de 2014

BUENAS NOCHES


Hay amigos de verdad, capaces de darlo todo a cambio de nada y de jugarse la hacienda y la vida, sin pestañear, cuando la ocasión lo requiere. También los hay más falsos que Judas. Estos últimos son fáciles de identificar, porque son egoístas e interesados, jamás hacen nada que no les beneficie, y en los malos momentos nunca están. Los ilusos o vanidosos que presumen de tener muchos amigos, se engañan. Y como no debemos desearle el mal a nadie, ojalá que no se vean en la necesidad de recurrir a ninguno de los que creen incondicionales cuando precisen ayuda, ya que, en cuanto el éxito y la fortuna les dé la espalda, pretextos y excusas es lo único que recibirán. Al ganador se arriman todos por si se les pega algo, pero del perdedor nadie se acuerda. Los parásitos, hipócritas y aduladores, abundan. El éxito y la alegría los atraen más que la miel a las moscas; el fracaso y la tristeza los ahuyenta. Las decepciones duelen mucho, pero enseñan a valorar quién es quién. En tales casos, suelen bastar, y hasta sobrar, los dedos de una mano para contar a los que no abandonan el barco cuando amenaza con hundirse. Las ratas siempre son las primeras en saltar por la borda, aunque algunas ni siquiera sepan nadar.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

BUENAS NOCHES


La vida fue el mayor regalo que me hicieron mis padres. Nací porque se amaban; soy fruto de un gran amor que interrumpió o prolongo la muerte. Hace años, con mis propias manos, junté el “polvo enamorado” de ambos, para que sus átomos, como sus almas –donde quiera que estén-, se fundieran en un último y definitivo abrazo. Cómo me habría gustado poder imitarlos, seguir su ejemplo: Pero, pese a haberlo intentado varias veces, en todas fracasé. Mis amores, al contrario que el suyo, se marchitaron pronto. Amé y me amaron haciendo bueno el dicho de que “quien no ama demasiado, no ama lo suficiente”, pero ni a ellas ni a mí, el amor nos salvó del naufragio. Entonces, ¿cuál fue la razón? Para no variar, el corazón y la cabeza están en total desacuerdo y se culpan el uno al otro. Por si sirve de algo, -que no creo-, me declaro culpable. Cuando mis viejos discutían, tras unas cuantas horas de silencio, ella le preguntaba: ¿Me quieres? Y el tipo duro se levantaba de inmediato del sillón y su respuesta era siempre abrazarla. Los tiempos, las personas y las relaciones cambian. A mí, en las mismas circunstancias, jamás me preguntaron eso. Tampoco me atreví a preguntarlo. ¿Para qué? Mejor ahorrarse el “no”.

martes, 2 de diciembre de 2014

BUENAS NOCHES


En fotografía existe “la hora dorada”, que es cuando el crepúsculo muestra su máximo esplendor. Si no estás atento a ese instante breve e irrepetible, pierdes las mejores fotos. Con la nostalgia sucede algo parecido. Llega, inesperadamente, como una gran ola, y si no te zambulles rápido antes de que rompa, te revuelca y te arrastra. Una vez sumergido sales al otro lado sin daño. Pero, ¡ay, si te sorprende! En nada te desarbola el alma, te inunda la memoria, te estrella sin remedio contra la realidad y te deja maltrecho el corazón. Todos los que la hemos experimentado sabemos que es peligrosa. Por eso conviene no confundir la nostalgia con el recuerdo; la diferencia está en que el recuerdo olvida y la nostalgia no.