Las enfermedades del alma son más complicadas y difíciles de
curar que las del cuerpo. Primero, porque el alma humana continua siendo un
enigma; y segundo, porque cada una es distinta y la ciencia fracasa ante
aquello que no se presta a generalizaciones ni se deja analizar. Si en lo
material y temporal hay un sin fin de cuestiones aún por resolver, al referirnos
a algo inubicable e inmortal todo son dudas y preguntas, sin una sola certeza o
respuesta . En ciertos casos, la única medicina que puede curarla es el amor.
Pero sólo cuando es auténtico, y no los placebos al uso con los que nos solemos
engañar. ¿Y cómo podemos distinguir al verdadero del falso? No tengo ni idea.
En mi caso siempre me doy cuenta tarde, cuando el daño está hecho y de nada
sirve arrepentirse o rectificar.
viernes, 28 de noviembre de 2014
miércoles, 26 de noviembre de 2014
BUENAS NOCHES
En otro universo paralelo, tú y yo, seguimos juntos.
Posiblemente en él, ahora mismo estoy imaginando este en el que estamos
separados. En alguno de esos mundos, no nos habremos conocido aún; y habrá
otros en los que no lleguemos a conocernos nunca. Las posibilidades son
infinitas, y todas reales pero distintas. La verdad es que por más que ciertos
físicos lo afirmen, no acabo de creerlo. E incluso si lo creyera, me seguiría
importando un bledo que allá las cosas fueran de otro modo. Aquí son como son.
Mientras el sol siga saliendo por el Este, en nuestro vocabulario estará
proscrita la palabra “regreso”. Eso es así, y no puede variarlo ninguna teoría
no menos inquietante que el hecho de que quienes se amaron tanto, se vean hoy
como dos extraños. El corazón no entiende de ecuaciones, ni la esperanza se
crea en laboratorios. Aunque, quién sabe si los sueños permiten acceder a esos
lugares donde todo lo imaginado sucede o puede suceder.
martes, 25 de noviembre de 2014
BUENAS NOCHES
Escribimos desde y sobre el dolor, porque continua vivo en
la memoria y no se calma ni se olvida jamás. La alegría, en cambio, es tan leve
y frágil como un sueño y no cala en lo más hondo. Antes de que queramos darnos
cuenta se va difuminando, se esfuma, se apaga, y con el tiempo sus vaporosos
pétalos acaban convertidos en espinas. Nadie se identifica con ella, porque es
patrimonio exclusivo de quien la siente, y pocos saben o quieren compartirla.
Al que sufre le son indiferentes los jolgorios ajenos, y es de mal gusto
celebrar fiestas en un duelo. Donde hay penas y lágrimas están demás las risas.
De los muchos poemas que recuerdo, ninguno es alegre.
Por si fuera poco, las fechas que se aproximan, tan
entrañables antaño, son tristes recordatorios de épocas y personas que quedaron
atrás. Ni el alcohol ni los dulces logran borrar o endulzar lo perdido.
Afortunados aquellos que se aferran a la tabla del Carpe diem y al optimismo.
Yo no puedo y naufrago, una vez más, en la nostalgia. Sin rencores, reproches
ni remordimientos, voy dejando que transcurran los días, las felicitaciones,
los buenos deseos, hasta alcanzar la orilla del nuevo año. En ella podré seguir
juntando letras, leyendo, escuchando música, compartiendo el día a día con mis
amigos, sin almuerzos ni cenas de compromiso. lotería, guirnaldas, burbujas y regalos.
Prefiero ser yo mismo sin que nada ni nadie me cambie el paso, y sonreír cuando
me venga en gana, no para quedar bien. En fin, antes de que me alcance la
vorágine, me retiraré a mis cuarteles de invierno. Contra el desenfreno, la
euforia y el despilfarro, el campo y la naturaleza son el mejor antídoto.
lunes, 24 de noviembre de 2014
BUENAS NOCHES
Me estoy haciendo viejo, pero todavía, y no me avergüenza
confesarlo, sigo siendo un crío que creé en hadas, gnomos, duendes, dioses,
ángeles, diablos, brujas y fantasmas. Algún que otro unicornio se me perdió
ayer, y algunas mariposas azules, en cierta primavera, también volaron hacia
otros jardines sin que pudiera retenerlas. Aprendí pronto lo que es el amor,
pero nadie hasta hoy me ayudó a conservarlo. Siempre fue ave de paso, y tengo
en la memoria tantos nidos vacíos que el más mínimo aleteo me asusta y prefiero
ahuyentarlo. Sé que la inmensa mayoría estará en desacuerdo conmigo esta noche,
pero yo junto letras sobre mí y desde mí, y cada uno sabe cómo le ha ido en la
vida y cuándo se harta de asumir riesgos. Soy como aquel rey que, cansado de
tanto batallar, se recluyó en su castillo y dijo a sus caballeros: Bueno, ahora
lo que toca es morirse… pero sin prisas.
domingo, 23 de noviembre de 2014
BUENAS NOCHES
Llevo tiempo con la conciencia semidormida. No hablo de la que se empeña
en verlo todo negro y ejercer de fiscal. A esa la tengo bien sujeta. En cuanto
se propasa lo más mínimo, trata de imponerme su criterio o me acusa de algo, la
paro en seco y le recuerdo que el único juez de mi vida soy yo. A la conciencia
que me refiero es a la que me indica dónde, cuándo y qué debo mirar para
conocer y comprender el mundo, sin extraviarme ni perder el tiempo. Cuando no
le hago caso y miro hacia donde no debo, me distraigo, me engaño y me dejo
engañar por lo irreal, y acabo en medio del desierto, o, peor aún, entre arenas
movedizas de las que siempre me acaba rescatando. Es abnegada y fiel, pero hay
momentos en los que, harta de que no la escuche, se adormece. Ahora está así.
Los caprichos y alucinaciones, cuando se es joven carecen de importancia y son
gratuitos; a cierta edad se pagan muy caros. No puedo evitar que me atraiga lo
desconocido, pero sé que sin ella a mi lado y bien despierta, mis aventuras
suelen acabar mal.
sábado, 22 de noviembre de 2014
BUENAS NOCHES
Hay muchos tipos de heridas, y no me refiero a las del
cuerpo, sino a las que laceran lo más hondo, a aquellas que tanto tardan en
cicatrizar o no cicatrizan nunca. Las del desamor, el odio, la injusticia, la
incomprensión, la intolerancia y el miedo, son terribles y muy difíciles de
curar. Después están las otras que magnificamos innecesariamente. Simples malos
entendidos, llamadas de atención, leves arañazos al ego, que no son más que
meros incidentes banales y diminutas bolas de nieve, acaban provocando rupturas
y aludes de reproches cuando el orgullo se impone a la razón. Una vez
reconocido y asumido el error, es innecesario tratar de justificarlo y culpar a
quien nos lo hizo ver. Todos nos equivocamos, y lo que debería avergonzarnos no
es la equivocación o el que se sepa, sino el no saber reconocerla y rectificar
a tiempo. En ningún caso está justificado aislarse o cavar trincheras. Si cada
vez que he cometido un error hubiera hecho algo parecido, aún estaría en una
isla desierta u oculto bajo tierra.
viernes, 21 de noviembre de 2014
BUENAS NOCHES
Mi pareja de hecho, la soledad, y yo, hemos solventados
ciertas discrepancias que enturbiaban nuestra relación. Pese a no ser celosa,
me exige un cierto orden en mi vida y que le dedique parte de mi tiempo. No ve
mal mis escarceos amorosos y entiende que le sea infiel de vez en cuando, pero
reivindica su espacio y, en determinados momentos, no soporta que nadie usurpe
su lugar. Ambos sabemos que somos inseparables y que la necesito más que ella a
mí. A estas horas nos gusta compartir lecturas, música y silencio, y nos sobran
terceros. Llevamos toda una vida juntos y la amo, aunque, a veces, prefiera la
compañía de otra de mi misma especie capaz de ofrecerme alma y cuerpo. En tales
casos, se va, se desvanece, pero siempre regresa sin hacerme reproches, y finge
ser mujer cuando me nota triste y se da cuenta de a quién echo de menos.
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