Nosotros
ya no somos los mismos y el amor que hoy sentimos no es igual al de ayer.
Cambiamos y nos cambian constantemente, sin solución de continuidad. Lo perenne
no tiene porqué ser invariable, aunque en esencia sea lo mismo. ¿Nos enamoramos
sólo una vez, la primera, y después amamos de memoria? Quién sabe. Lo que cuenta
no es la teoría sino la práctica;
Sentirlo sin tratar de explicarlo. Porque no hay palabras con que definir el
amor, y él se expresa en su propio lenguaje. Los poetas no se resignan, y para
definirlo suelen emplear sinécdoques y metáforas. El resultado puede ser
hermoso y conmovedor, pero el mar no cabe en una botella ni el amor en un
verso, porque la parte no es el todo, y en este caso, el todo es infinito,
eterno, inmenso e inabarcable.
martes, 25 de agosto de 2015
domingo, 23 de agosto de 2015
BUENAS NOCHES
Escribir
nos permite viajar a otros mundos, habitar otras almas, latir en corazones que
no son nuestros. Para mí la prosa está ligada a la pintura y la poesía a la
música. Ambas, prosa y poesía, pueden fundirse en un mismo escrito sin perder
ninguno de sus atributos. Experiencia e improvisación no son contradictorias y
aportan solidez y frescura al texto. La verticalidad del poema y la horizontalidad del ensayo,
el cuento o la novela, al unirse crean un espacio y una atmósfera
narrativo-poética insuperables. En la república del idioma, artesanos y
orfebres juntamos letras, contamos sílabas, engarzamos palabras, construimos
frases, armamos versos. La mayor recompensa por tan ardua labor es que una vez
acabada logre reflejar aquello que pusimos en ella: el alma. Si sólo refleja
virtuosismo, talento, inteligencia, hemos fracasado. Cuando no se persiguen
elogios ni admiración, sino complicidad, y que otros se vean reflejados en lo
escrito y sientan lo mismo o parecido a lo que sintió el escritor, poeta o
juntaletras, al escribirlo, no hay mayor premio que la fusión y comunión de
almas. Que el lector pase a ser autor y viceversa, ese debe ser el gran logro:
el resto es vanidad, humo que llena pero no alimenta.
viernes, 21 de agosto de 2015
BUENAS NOCHES
Un
juntaletras que se precie de serlo ha de escribir de todo. Como no espera
obtener ganancia alguna, es libre de decir lo que le apetece, y si después le
leen cuatro en vez de cinco tampoco pierde el sueño por eso. Antes alquilaba
mis mañanas y mis tardes, ya no, porque tampoco nadie querría alquilarlas, pero
mis noches siempre fueron mías. Por eso las apuro y
las estiro al máximo. Toda virtud que se exagera acaba convertida en defecto.
Vanagloriarme de la relativa libertad que disfruto cuando a nadie intereso como
esclavo, o de ser sincero si en nada iba a beneficiarme la hipocresía, no
tendría sentido. Soy como soy porque no sé ni puedo ser de otra manera, y eso
no tiene ningún mérito. Afortunadamente para mí, los que me conocen saben que
al juntar letras lo único que pretendo es liberarme de la sobrecarga emocional
de leer y pensar tanto, y aceptan felices o resignados lo que escribo, sin
pedirle peras a un olmo. Les quedo agradecido por ello. Si pudiera viajar,
conocer mundo, recibir flechazos de Cupido, ganar o perder batallas, cada noche
tendría cosas interesantes que contarles. Pero vivo recluido en mi viejo olivo,
que ni siquiera es torre de marfil ni se le parece, y sólo puedo hablarles de
lo que pasa en mi interior y en los libros. Sin orden ni concierto, porque en
mi cabeza las ideas se mueven a su antojo; vuelan, caen y se enredan cuanto les
place, y así no hay modo de ser coherente y no contradecirse. En fin, un
desastre.
jueves, 20 de agosto de 2015
BUENAS NOCHES
Una
de las grandes virtudes de la literatura es que nos permite convivir con los
muertos. En los últimos años se ha extendido la creencia de que nadie muere si
se le recuerda. Yo sigo creyendo que es justo y necesario morirse, y que si lo
anterior fuera del todo cierto no me dolerían tanto las ausencias. Pero debo
añadir que de esto, como de tantas otras cosas, no
sé nada de nada. Tendría siete u ocho años cuando vi morir a mi hermana
Soledad. Conocía la muerte en los libros, pero me impresionó verla tan de
cerca. No me asusté ni sentí pena, sólo curiosidad. Recuerdo que una vecina
dijo de mí: “Qué fuerte es este niño.” Muy propio de ciertos adultos el
malinterpretar las cosas; lo mío no era fortaleza sino inconsciencia. Días más
tarde cuando comencé a echarla de menos, me pasé horas y horas llorando sin
parar. Para los que tenemos el privilegio de formar parte de ella, la vida se
muestra en ocasiones dura y desagradable. Hasta en los caminos de rosas resulta
inevitable herirse con espinas que uno no espera ni ve. Cuanto más nos
acercamos a lo bello más expuestos estamos a esos punzantes e inesperados
pinchazos que nos recuerdan que en el placer también hay dolor, y en la
alegría, tristeza. Tan normales son los nacimientos como los entierros, y no es
bueno esconder nada bajo la alfombra. Además, últimamente aquí estamos solos,
como en familia, unos cuantos amigos charlando y compartiendo lo que pensamos y
sentimos a diario. Qué bien si participan otros; si no, nosotros a lo
nuestro.
miércoles, 19 de agosto de 2015
BUENAS NOCHES
Soy Tomás, y aunque
nunca he dejado de ser un niño, tengo la misma edad que el otro Tomás, que a
veces no me deja jugar. Yo no soy él, pero él tiene mucho de mí, aunque no
siempre quiera reconocerlo. Sé que trata de protegerme y cuidarme, pero apenas
si se protege y se cuida a si mismo, y lo que a él lo daña, nos daña a los dos.
Es mi hermano mayor, el padre que perdí, el amigo que nunca tuve, y
le tengo mucho cariño. Se siente culpable de no haberme ayudado a realizar mis
sueños. Bueno, también con los suyos fracasó, y de poco le sirvió mi ayuda. Se
ríe si le digo que le enseñé a escribir y a leer a los clásicos. Se enoja
cuando le hago ver que me está plagiando en los versos que le dedica a la mar o
a la luna. A mi me da igual porque son de los dos. Las mujeres que lo
conquistaron (él nunca conquistó a ninguna), me han querido y mimado tanto, que
no le perdono haberlas perdido. Con ellas podía mostrarme tal cual soy y era
feliz. Ahora me lee, sin reprocharme nada, aunque tampoco me va a dar la razón.
Te doy la gracias, viejo gruñón, por haberme dejado escribir este “buenas
noches”, y por permitirme compartir tu vida. Por dejarme jugar a la pelota con
otros niños en el parque, por fotografiar gaviotas y cometas para mí, por
publicar algunos de mis versos, por dejarme asomar a las ventanas de tus ojos y
columpiarme en tu maltrecho corazón.
Espero
que les guste esta frase de Dickens: “No está en mi naturaleza ocultar nada. No
puedo cerrar mis labios cuando he abierto mi corazón”. ¡Miren, el viejo búho
sonríe! ¡Adiós!
martes, 18 de agosto de 2015
BUENAS NOCHES
Por más que “nieve” y
“mármol” sean metáforas frecuentes en poesía, no hay nieve en el espíritu y
menos aún en el cuerpo. En el alma mal puede haber frío, y cuando lo hay en el
cuerpo, es que está muerto. El sentimiento y el deseo ya sean sinónimos o
antónimos, siempre van juntos, son inseparables. ¿Cómo amar a alguien sin
desearlo? ¿Cómo estar triste sin desear estar alegre? Lo uno es
parte y consecuencia de lo otro. Pero desde muy niños nos inoculan la vacuna
del falso pudor. Y lo llamo “falso” porque todo lo basado en tabúes y
prejuicios lo es. El verdadero pudor ayuda a evitar banales excesos y grotescos
exhibicionismos. El otro nos lleva a temer y a repudiar lo natural, lo obvio.
Ciertas pasiones, lejos de ser “bajas”, y aunque no todo el monte sea orégano,
nos elevan al séptimo cielo. La maldad, -que mal que nos pese, existe- está en
la mente no el cuerpo. A mí sólo me escandalizan la hipocresía y el mal gusto,
no la naturalidad y sencillez de la anatomía humana. Porque eso no hay vestido
que lo disimule o lo cubra, y es deplorable y feo.
domingo, 16 de agosto de 2015
BUENAS NOCHES
La memoria es como un
pura sangre, y hay que saber cuándo soltar o sujetar corto las riendas. Tan
malo es que se desboque como que se vuelva perezosa y mansa. Lo primero es
peligroso; lo segundo, muy aburrido. En ella es posible viajar en el tiempo,
incluso hacia delante. Me pregunto si no será lo que llamamos alma, o al menos,
parte fundamental de la misma.
Lo cierto es que sin ella no somos nadie. La posibilidad de perderla es más
aterradora que la muerte, tal vez porque hasta en el hipotético “más allá” es
necesaria. Dando por ciertas las creencias de algunos, cuando el día del
decisivo juicio nos interroguen sobre lo que hicimos o dejamos de hacer en este
mundo, cómo vamos a responder: No me acuerdo de nada.
Podría
escribir un libro de muchas, muchas páginas, sobre lo que recuerdo de mi lejana
o -si es cierto que la vida es un círculo- cercana infancia. Pero estaría
incompleto sin las aportaciones de otros. Déjenme madurar la idea, porque creo
que sería interesante crear en el bosque una sección en la que todo aquel que
quisiera hacerlo, nos hablara de su niñez, a ser posible adjuntando algunas
fotos. Denme su opinión al respecto, y si están de acuerdo lo pondremos en
marcha.
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